Tuesday, April 12, 2016

Emily Nicholls, Spanish Minor, Narrates Geology Club's Trip to Pittsburgh

Una visita al Museo de Carnegie
            Hace dos semanas fui al Museo de Carnegie en Pittsburgh con el club de geología. De todas las visitas que hemos salido, esa es la mejor. A principios de semestre nos reunimos para decidir dónde visitar y aceptamos unánimemente viajar al Museo de Ciencias Naturales de Carnegie en la ciudad de Pittsburgh. Queríamos visitar el museo para la colección de minerales y cristales. Ocho o nueve de los del club nos encontramos cerca de Kettering temprano en la mañana para salir. Necesitábamos salir temprano para tener tiempo para mirar las exposiciones.
            El Profesor Hudson había alquilado un coche grande en que nos todos encajamos. Salimos a las diez y empezamos el viaje largo a Pittsburgh. Me senté en la parte de atrás de la camioneta donde podía ver por más de las ventanas. Nos hablábamos mucho durante el paseo, pero me dormí dos o tres veces cuando mis compañeros no hablaban. A otras veces, miré por las ventanas los árboles y las colinas para pasar tiempo. Quería escuchar música pero mi teléfono celular solo tenía poca carga y necesitaba conservar la energía para tomar fotos del museo. Después de tres horas, llegamos a Pittsburgh.

            Atravesamos un túnel y cruzamos uno de los muchos puentes que llevaban a la ciudad para llegar a Pittsburgh. Me quedé atónita por los puentes numerosos y los edificios altos. Los miraba por la ventana con mucho interés mientras conducíamos al museo. Unas estatuas de artistas y científicos famosos bordeaban el exterior de las dos partes del museo: El Museo de Ciencia Natural y El Museo de Arte. Cercana de la entrada vi una estatua de un dinosaurio con una bufanda de colores vivos. Necesitábamos buscar un estacionamiento pero era difícil por el tamaño de la camioneta. Después de estacionábamos, decidimos ir a algún sitio cercano para el almuerzo.
            Caminamos del museo a un pub que habíamos pasado. Pequeño y lleno, el pub parecía muy popular. Algunos de mis amigos y yo pedimos una hamburguesa llamó “La Pittsburger”, la especialidad del pub. Una vez que terminamos comer, volvimos al museo. Cuando llegamos al museo, compramos las entradas. Afortunadamente, tomó poco tiempo porque no había cola. Entonces, podíamos explorar el museo y ver las exposiciones. Con suelos de mármol y pilares a lo largo de las paredes, el museo parecía viejo e impresionante.  
            Entramos en el Museo de Ciencia Natural a la una de la tarde con mucho tiempo para ver los objetos expuestos. Primero, fuimos a la colección de minerales y cristales. Los guardaban en una sala muy grande y llena de estanterías y vitrinas. Unos espejos bordeaban las paredes, creando la ilusión de una sala muy grande hecha de vidrio con destellos de color. Tenía muestras de todo el mundo en una variedad de formas y tamaños. Como una coleccionista de cristales, estuve asombrada por el número de cristales que nunca había visto en persona. En todos los colores que pudimos imaginar, los cristales lustraban con belleza. Vi una variedad de cristales en las formas de estatuas pequeñas y otros todavía engastados en la roca. Me gustó mucha una formación natural grande de cobre que ocupaba una mesa entera. Tomé tantas fotografías de los cristales como pude. Pasábamos una hora, si no más, en la sección de cristales porque nos gustaba mucho.
            En el tiempo restante, vagamos por el museo. Después de los cristales, fuimos a la sección de fósiles. Miramos a los esqueletos de muchos dinosaurios e imagenes de cómo parecerían si vivirían.  Vi el esqueleto de un pez muy grande con dientes largos y afilados y los fósiles de otros organismos marinos. Entonces, fuimos a una sala con animales de varias partes del mundo e información de los animales. Pasamos mucho tiempo mirando muestras de pájaros, de gorriones pequeños a buitres y águilas muy grandes. En una vitrina había una colección de mariposas y otros insectos. Cerca de las cinco, salimos del museo porque todos estábamos cansados y era casi la hora de cierre.

            Durante la vuelta a Ashland, nadie hablaba mucho.  Para mí, el viaje de vuelta le pareció muy largo porque no pude dormir ni ver por las ventanas. Mi teléfono celular se había apagado, así que no pude usarlo. Por la mayoría del viaje a casa, pasé mi tiempo dormitaba. Pensé sobre las fotografías que había tomado y la diversión del viaje. Después del que parecía una eternidad, llegamos por fin a Ashland. Uno por uno, salimos de la camioneta y volvimos a nuestros dormitorios. Nunca había pensado que tener la oportunidad de ir a Pittsburgh, pero ahora que he visitado la ciudad, quiero visitarla otra vez.

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